Reconocer a un Carasonrisa no siempre es fácil. No levantan la voz ni muestran colmillos. No atacan de frente. Se delatan en los detalles. Sus acciones —o la falta de ellas— dicen más que cualquier discurso.
Este personaje representa a quienes hacen de la amabilidad una máscara. A quienes se acercan no para cuidar, sino para observar; no para ayudar, sino para saber; no para acompañar, sino para alimentar su propia vanidad. Este poema busca invitar a mirar con atención, a poner límites, a entender que la amabilidad auténtica no necesita escenario ni aplausos. Y que para dar algo genuino, primero hay que cultivarlo dentro.
Carasonrisa

Carasonrisa es un demonio enfadado
Aunque es muy amable, gentil y educado
¿Tienes un problema? Aquí está a tu lado
“¿Necesitas algo?” Está atento escuchando
Dirá que te quiere y que quiere tu bien
Tu dolor es un dulce manjar para él
A tu espalda reirá a carcajadas
Y tú estarás triste sin saber por qué
Si un día a ti se acerca, no creas sus palabras,
No viene a ayudarte, mas quiere saber:
¿Tendrás un jardín que pueda arruinar?
¿O quizá algún secreto que divulgar?
Pensando en sí mismo y en aparentar
La vanidad es motor de todo su actuar
La soberbia, el motivo de su terquedad
Aléjalo y verás su ira estallar
¿Y como saber si es falso o real?
Sutiles acciones te lo dirán:
¿Los ves alegrarse cuando algo va bien?
¿Se quedan callados, te ven con desdén?
No seas como los Carasonrisa
Procura cosas positivas en ti
Solo así tendrás alegría para dar
Y auténtica siempre tu vida será
Maita San
